Miguel Ángel Toro Riu

Lleida, 1971


N acido en Lleida por circunstancias del guion asistencial, Miguel Ángel, ha tenido como base de operaciones Tamarite de Litera donde sus padres regentaron el restaurante Casa Toro. De ahí que se haya dedicado por imperativo legal a la restauración durante su tierna juventud, aunque también recogió fruta (como todos los de su generación) en verano, puso estacas para la construcción de la carretera que transcurre de Binéfar a Alfarrás, además de hacer el gamba en aquellos tiempos en los que las fiestas patronales de los pequeños pueblos eran auténticas Fiestas. Y sí, claro, formó parte de un grupo de rock llamado Utopía de lo cual se siente muy orgulloso a pesar de la invisibilidad del conjunto y su dudosa pericia como batería.

Lo de la literatura de forma meditada llegó tarde. Mientras cursaba sus estudios de Derecho en Zaragoza escribió tres novelas lamentables que no se atrevió a presentar a ningún certamen o editorial. Pero la semilla estaba sembrada.

Después llegaron estudios de Criminología, Pericia Caligráfica y finalmente, tras ser abusado por un despacho de abogados en Barcelona durante unos meses, decidió abrir el suyo propio que por puro tedio abandonó al cabo de cuatro años y se trasladó a L’Escala (Girona) a otras labores más gratificantes. No sin antes quedar finalista en el “Concurso de Relato Breve Villa de Binéfar”, ganar el certamen de relato corto de Altorricón así como un accésit posterior y el de Albelda…este último muy posteriormente. En esa época también relanzó, junto con un grupo de excombatientes de su primera época allá por los 80, Tamarite Radio.

Ya de vuelta al terruño y con ocupaciones diversas (Director de Personal, Export Manager y Secretario Judicial, en ese orden) se decidió a intentar publicar DECESO PROGRAMADO, cosa que consiguió después de cuatro años, en el 2018, de la mano de la Editorial madrileña TRES INVIERNOS para pasar a editorial MILENIO de Lleida. A la vez, y durante dos años aproximadamente, estuvo incorporado como columnista en La Voz de la Litera mientras tal publicación trataba de ser la voz de algo. Claro, claro que sí… también hubo política de por medio pero el autor se niega a hablar de ello sin sentir una profunda desazón y vergüenza… ni siquiera es capaz de reconocer lo enriquecedor de la experiencia. Y la crisis llegó, de ahí que tuviese que dedicar ser ayudante de molinero y a la cochina granja de su padre ( no en sentido despectivo; era de cerdos).

Actualmente ejerce como Letrado de la Administración de Justicia en Alcañiz, donde por unos meses también lo hizo como Fiscal, preparándose para ser profe de Formación Profesional si el éxito literario o la Lotería no se interfieren. Existen dos novelas más en su cajón a la espera de ser publicadas… ¿algún voluntario? Adelanta los títulos por si eso pudiera servir: “El sexo no lo es todo, pero casi” y “El hombre que cambiaba los muebles de sitio”, ninguno libro de autoayuda.

NOTA: hablar en tercera persona de uno mismo es un dolor; no volver a hacerlo.